Formalización productiva como motor de desarrollo
La formalización de empresas y trabajadores no debería limitarse a registros, controles o menores costos regulatorios. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), avanzar hacia una formalización productiva exige que operar dentro de la economía formal también resulte viable para empresas capaces de invertir, innovar, acceder a financiamiento y generar empleos de mayor calidad.
Esta perspectiva se plantea en el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026, documento que analiza las condiciones necesarias para impulsar el crecimiento económico regional de forma sostenible.
Elementos clave para la formalización productiva
El organismo define la formalización productiva como un proceso integral que articula dos componentes fundamentales: la creación de empleos formales y de calidad, y el fortalecimiento de las capacidades productivas. Esta combinación resulta esencial para que las economías latinoamericanas y caribeñas puedan consolidar un crecimiento económico duradero.
Para lograr este objetivo, la Cepal identifica tres pilares estratégicos que requieren atención prioritaria en la región:
Tecnología: La incorporación de tecnologías modernas permite que las empresas formales mejoren su productividad y competitividad, reduciendo la brecha que las separa del sector informal.
Financiamiento: El acceso a crédito y recursos financieros adecuados facilita que las empresas realicen inversiones productivas y expandan sus operaciones dentro del marco formal.
Capacidades: El desarrollo de habilidades y conocimientos en la fuerza laboral fortalece la capacidad productiva de las regiones y mejora la calidad de los empleos generados.
Implicancias para América Latina y el Caribe
La propuesta de la Cepal busca superar enfoques limitados que centran la formalización únicamente en aspectos regulatorios. La institucionalización de empresas y trabajadores debe acompañarse de condiciones económicas que hagan atractivo y viable permanecer en la formalidad.
Este enfoque integral reconoce que la formalización sostenible requiere crear un entorno donde las empresas formales sean más competitivas, rentables y capaces de generar oportunidades de empleo digno para los trabajadores de la región.