Una enfermedad que atraviesa el tiempo
Este 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, fecha que en 2026 marcará 120 años desde que la enfermedad fue identificada y descrita por el psiquiatra y neuropatólogo alemán Alois Alzheimer.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2021 vivían 57 millones de personas con demencia en el mundo, cifra a la que se suman aproximadamente 10 millones de nuevos casos cada año. A pesar de los esfuerzos sostenidos de la comunidad científica, aún no existe una cura para esta enfermedad.
Los comienzos de la identificación científica
La historia de esta condición comenzó en 1906, cuando Alois Alzheimer presentó el caso de Auguste Deter, una paciente que había desarrollado graves problemas de memoria y cambios significativos en su comportamiento. El análisis del cerebro después de su fallecimiento permitió identificar alteraciones que posteriormente se convertirían en características asociadas con la enfermedad que hoy lleva su nombre.
Desde el Ministerio de Salud se destaca que el Alzheimer es la forma más común de demencia y representa aproximadamente entre el 60% y el 70% de los casos de demencia en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud.
Diferenciar entre olvidos normales y demencia
Olvidar ocasionalmente dónde se dejaron las llaves o tardar en recordar un nombre no indica necesariamente la presencia de una demencia. La preocupación surge cuando los problemas de memoria comienzan a interferir con actividades cotidianas, afectan la comunicación, dificultan la toma de decisiones o provocan desorientación incluso en lugares conocidos.
La OMS remarca que la demencia no forma parte inevitable del envejecimiento. Más allá de los problemas de memoria, puede afectar el pensamiento, el lenguaje, la orientación, el comportamiento y la capacidad de realizar tareas cotidianas.
Los cambios que ocurren en el cerebro
El Alzheimer está relacionado con cambios progresivos en la estructura cerebral. Entre ellos se encuentran la acumulación anormal de proteínas, especialmente las llamadas beta-amiloide y tau, que alteran la comunicación entre las neuronas y contribuyen a su deterioro gradual.
Con el avance de la enfermedad, distintas áreas cerebrales pueden verse afectadas. Por eso los síntomas no se limitan a la memoria: también pueden aparecer dificultades para hablar, resolver problemas, orientarse, tomar decisiones o realizar actividades que antes eran habituales.
Señales de alerta a considerar
Entre los signos que pueden aparecer se encuentran:
Problemas de memoria: olvidar conversaciones recientes, repetir preguntas o perder objetos con frecuencia.
Dificultades para resolver situaciones: problemas para organizar actividades, manejar dinero, realizar cálculos o tomar decisiones.
Cambios en el lenguaje: dificultad para encontrar palabras, seguir conversaciones o expresar ideas con claridad.
Desorientación: confusión respecto al tiempo, lugar o personas, incluso en espacios familiares.
Alteraciones en el comportamiento: cambios de humor, irritabilidad o apatía sin causa aparente.
El reconocimiento temprano de estos síntomas resulta fundamental para acceder a evaluaciones médicas especializadas y contar con el acompañamiento adecuado durante el desarrollo de la enfermedad.